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martes, 29 de septiembre de 2015

230km de camino..en familia

Y ya estamos de vuelta de las vacaciones y eso quiere decir volver a la rutina, y que queréis que os diga, bendita rutina. De vacaciones se está muy bien, no lo discuto pero es como una pequeña locura y eso que este año nos han sentado especialmente bien, hemos vuelto con las pilas cargadas a tope  y eso que yo tenía mis dudas.
Siempre me ha llamado la atención hacer El camino de Santiago, pero los críos eran demasiado pequeños para aguantarlo y que a la vez les resultara divertido. No se como este año volvió a surgir la idea ¿y porque no? ya eran lo suficientemente mayores, caminar kms y kms no les seducía pero en bicicleta ya era otra historia. Las cosas hay que saber venderlas, si yo les digo que vamos a ir andando 230kms viendo pueblos y sus respectivas iglesias, me tiran la caballería encima y ya os digo yo que no viene ninguno, pero si vendes una super aventura por etapas, con bicis de 29", parando en las Iglesias para que nos sellen las credenciales y demostrar que lo hemos hecho, la cosa cambia y el fin, es el mismo.
A mis hijos les encantó la idea, también se fían de su madre, me ven horas delante del ordenador recaudando información sobre el sitio donde vamos a ir y eso les da tranquilidad.
A mi lo único que me preocupaba era si íbamos a poder aguantarlo, los críos han ido en bici pero no 5 días seguidos haciendo 50km diarios, bueno ni ellos ni yo, por el único que estaba tranquila es por Iván,  él acababa seguro pero no solo eso, Iván es de esas personas que si las tienes a tu lado te atreves a hacer lo que sea, siempre te anima y te da tranquilidad y confianza para lograr tus objetivos así que, para todos era un reto,  para los críos y para mi acabarla y para Iván que la acabáramos nosotros...jajaja
Y así empezó nuestra aventura con algo de incertidumbre y nervios pero superados por las ganas de disfrutar a tope del camino.
Hubo etapas de todo, empezamos en Ponferrada, la primera fue light, de reconocimiento del terreno, de buscar las señales que indican el camino, que digo desde ya que es imposible perderse a parte de super bien marcado, hay mucho peregrino así que es cuestión de seguirlos. También nos sirvió para acostumbrarnos a las bicis y al hecho de llevar alforjas. Por un módico precio de 3€ te llevaban la maleta al siguiente punto pero nosotros teníamos claro que íbamos a llevar lo que fuéramos capaz de cargar en las bicis, lo puramente imprescindible, una muda, un neceser, alguna herramienta y algo de comer para poder parar donde nos pareciera oportuno y no depender de tener que buscar un bar para comer. Y la verdad que no necesitamos nada mas.
Sabíamos que el segundo día sería complicado y no por los 60kms que nos tocaban sino por el desnivel, teníamos la subida al O Cebreiro y al alto del Poio.
Este tramo aconsejan hacerlo por carretera porque el camino de tierra estaba lleno de escalones y hubiéramos tenido que subir con la bici acuestas y tan poco era plan.
Es una carretera general apenas transitada, los coches prefieren la autovía y no había ningún tipo de peligro era cuestión de tomárselo con calma e ir subiendo cada uno a su ritmo y la verdad que vale la pena, fueron unos 15km hasta O Cebreiro una aldea preciosa con unas vistas increíbles, le llaman el balcón de Galicia porque es justo donde empiezas a pisar suelo gallego, todos los peregrinos hacen ahí una pequeña parada para ver su Iglesia prerromántica  con su Santo Grial y sus campanas que antiguamente sonaban en invierno para orientar a los preregrinos en la niebla  y también sus pallozas.
Nosotros no íbamos a ser menos y aprovechamos para encender unas velas para tener buen camino y pedir salud para todos. Tampoco nos entretuvimos mucho porque aún nos quedaba el alto del Poio otros 10kms mas de subida.
Aquí fue gracioso porque apenas un par de kms de O Cebreiro hay una escultura gigante de un peregrino y nos paramos hacer una foto,  allí nos juntamos con un grupo de ciclistas que aseguraban que eso era el alto del Poio, yo les respondí que no que aún nos quedaban algunos kms pero ellos insistían y para que discutir, si ellos se animaban así...
Nosotros decidimos seguir, ellos saldrían detrás nuestro tardaron algo mas porque algunos se estaban poniendo el paravientos para iniciar la bajada.
Iván me miró por el tema del paravientos y yo le dije que no que aquello no era el Poio, los niños lo tenían claro ... si la mama dice que no, es que no....
Al rato nos empezaron a pasar, alguno sudando por el paravientos, a otro lo iban empujando porque no podía mas iba despotricando porque decía que le habían engañado, acabó bajandose de la bici pero cuando vio a Gerard (13 años) que tiraba sin quejarse la misma vergüenza le hizo montarse otra vez...
Eso si, al adelantarme porque yo iba a mi ritmo y ellos en grupo, me dijeron..." pues vas a tener razón aquello no era el Poio"....jajaja
Iván los dejó pasar a todos y luego se entretuvo adelantandolos uno a uno, era gracioso porque lo miraban raro, Iván los estaba adelantando con las alforjas cargadas a tope y ellos no llevaban nada... luego una vez todos arriba le felicitaban por el ritmazo, incluso alguno le preguntó si la bici era eléctrica y buscaba el motor por el cuadro....

Una vez  hecha la foto de rigor nos dispusimos a bajar, aquí fue donde tuvimos un susto grande, el único que tuvimos en todo el camino. Los niños bajaban muy deprisa, yo prefería no verlos   y no los veía, yo iba a mi ritmo, siempre les he tenido respeto a las bajadas pero las bicis iban super bien y me dejé llevar, la última vez que miré el cuentakilómetros estaba cerca de los 50km/h pero me despisté con un cartel toqué el freno que no era y la bici empezó a dar bandazos, Iván y Gerard al escuchar el ruido se giraron y su cara era un poema, los miré un segundo y pensé " lo siento". Lo siento porque estaba claro que me iba a caer y ya iba a ser imposible seguir o moría del golpe o iba al hospital seguro, y el viaje daba por finalizado, les iba a fastidiar las vacaciones y el camino llegaba a su fin. Yo lo único que veía era asfalto, e intentaba frenar para que el golpe fuera a la velocidad mínima posible, notaba que iba de lado a lado, lo que no era consciente es que estaba en medio de la carretera, ya había invadido el carril contrario. Pero se produjo el milagro y no se como la bicicleta se estabilizó, Iván me gritó que fuera hacía el arcén de la derecha que era donde estaban ellos, fue llegar y empezaron a pasar los coches...
Iván no podía creérselo, ni yo tampoco, de todos es sabido que no soy ciclista, soy globera y que yo era incapaz de enderezar la bicicleta, lo hice está claro, pero todavía no se como, Iván dice que yo apretaba un freno y el santo, es decir Santiago apóstol,  apretaba el otro porque otra explica no hay....
Después del susto había que seguir, aunque he de reconocer que las piernas me temblaban y me salieron varios morados en el gemelo izquierdo que aun no se tampoco como me los hice, acabé el camino con la pierna morada, pero de lo que podía a ver sido a lo que fue tampoco iba a quejarme.
Pasados los días y el susto ya lo recordábamos y hacíamos el chiste, porque aunque llegará la última siempre la mejor ciclista y la que tenía mas control era yo que había enderezado la bici... Iván todavía se hace cruces porque ni entiende como la enderece, ni entiende como no me pilló ningún coche... lo dicho, un milagro del camino...


La tercera y cuarta etapa fueron un rompepiernas, un continuo sube y baja, ahí aprendes que toda bajada precede a una subida así que no querías que llegaran aunque también he de reconocer que los kms pasaban mas deprisa en las bajadas aunque en esta etapa eran cortas, pasamos por bosques de eucaliptos, atravesamos aldeas, incluso varios ríos , yo pasaba por el puente y ellos por el agua pero yo ya no quería arriesgar, seguro que pasó y pillo la única piedra que había en ese tramo.
Lo que era una pasada era la gran variedad de gente que había, al cruzarte o adelantarlos mejor dicho, los saludabas con un "buen camino" y ellos te respondían lo mismo y yo creo que me lo han dicho en todos los idiomas, españoles esta claro había de todos lados andaluces, catalanes, madrileños...etc. Pero aparte de esos, había japoneses, italianos, ingleses, americanos... una pasada, yo sabía que El Camino era conocido pero tanto como a nivel mundial, era algo increíble y la verdad que tiene su encanto.


La quinta etapa fue muy llevadera, se nos pasó rapidísimo, y es mas, la gente te iba animando porque sabían que en bici hoy llegabamos seguro, pero los niños se reían de mi porque decían que siempre iba la última, yo lo que veía era la espalda de los tres, es mas les hice hasta una foto y todo para recordarlo. Pero es que si supieran lo bien que yo iba detrás, es que me sentía super orgullosa de ellos, siempre tirando del grupo, no se quejaron ni una vez, siempre con la sonrisa en la boca, uno contaba los kms totales y otro los contaba por etapa, así cada uno tenía su misión, pero me dejaron maravillada, es mas hubo un momento en esta etapa que a Iván lo llamaron por teléfono no dejó de pedalear, pero no iba rápido. En ese momento pasó un grupo de ciclistas patrocinados por Puleva, al ir varios a parte de rápido iban abriendo paso, los niños ni cortos ni perezosos se unieron al grupo, yo intenté seguirlos pero pronto me dejaron atrás, Iván no podía colgar porque era llamada de trabajo, total que desaparecieron.. Cuando Iván colgó, estaba entre quedarse conmigo o ir a buscarlo, yo le dije que fuera a buscarlos y eso hizo pero a los 300m me lo encontré esperándome, me dijo que se quedaría conmigo, los niños iban a la misma velocidad que él así que era imposible pillarlos, los dejaríamos disfrutar de su momento y confiaríamos en el equipo Puleva, pero los pivotes que marcaban los kms que nos quedaban iban pasando y los niños seguían sin aparecer 27, 26, 25, ....22, 21, 20...Dios, los niños se han ido a Santiago de Compostela... pero no, en el km19 nos estaban esperando mas felices que unas castañuelas habían volado, el grupo les iban abriendo camino y ellos pasaban sin problemas, el camino era de tierra y super bien marcado y había gente por todos lados, peligro no había pero por un momento pensé que no paraban...
Al llegar a Santiago los pelos de punta, lo habíamos conseguido, se me escapó alguna lagrimilla no voy a mentir pero es que hace ilusión cuando consigues un reto como este y mas los cuatro juntos, es una experiencia que nunca olvidaremos...



PD: Parte de esta crónica ya la tenía escrito hace tiempo y no he querido retocarla, sino seguramente los ánimos al escribir no hubieran sido los mismos.
Agradeceros desde aquí todos los ánimos y el apoyo que hemos recibido, la madre de Iván era una parte muy importante en nuestro día a día y se nota mucho ese vacío. Pero sabemos que hay que seguir, que a ella le gustaría que siguiéramos y este nuevo reto también vamos a conseguirlo y como siempre...en familia